|
HOME
> QUIÉNES
SOMOS > COLUMNAS
DESTACADAS
¿Austeros
o apretados?
por Jaime Alée (16/12/2004)
En
un almuerzo en otro país con extranjeros, estábamos
conversando de la calidad de la cocina en diferentes países
y existía unanimidad que la comida chilena era fome,
como dijo uno de ellos, la consideraba como comida de regimiento;
sana, saludable, poco condimentada y grande, sobre todo grande,
recordando que un chileno le recomendó el lugar por
esa razón: Los bistecs a lo pobre son asá
de grandes, y ante la pregunta del extranjero: Pero,
¿es rica la comida? Le contestaron: no lo sé
pero los platos son gigantes y baratos. Igualmente siempre
me recuerdo de la ridícula primera etapa del aeropuerto
de Santiago y sus 4 mangas, para no
sobre-dimensionar el aeropuerto las cuales se
congestionaron full time a los primeros dos meses desde su
inauguración.
En Chile nos hemos jactado por siempre de ser un país
austero, es decir, que vive y obra en forma severa y sobria,
y eso en cierta forma es cierto. Siempre me ha llamado la
atención lo escuálido de los montos o presupuestos
de los proyectos de inversión en Chile, particularmente
en el área en que me desenvuelvo, en relación
a otros paises de la region, incluso menores que nosotros
en PIB. También me ha llamado la atención la
extrema batalla por precios que se da en Chile en los retails,
supermercados o en las licitaciones de los proyectos de inversión.
La batalla por precios es extrema y se pelea en cada rincón
del pais, incluyendo por supuesto el costo de pintar una pieza
de la casa, negociándole al maestro pintor su hora-hombre
de la cual sale parte del precio de liquidación con
que el propio pintor y su patrona compran.
Nos hemos transformado en un mercado de precios,
de liquidaciones, donde la calidad no es valorada
y por ello nuestra mente como proveedores de tecnología,
(otros de otros rubros pensarán lo mismo) tenemos la
mente puesta en cómo cobrar más barato. Ello
ha deteriorado sin duda la calidad de los productos y servicios
ya que nadie quiere pagar por ello.
Me parece modestamente que obtener beneficios o utilidades
sobre la base de apretar a tu eslabón previo de la
cadena de valor en vez de agregar valor a continuación
es muy contraproducente y ello explica probablemente la situación
crítica de muchas empresas que han caído en
el juego en épocas recientes, por ejemplo, en el mercado
de las telecomunicaciones (¿se olvidan de la farra
grotesca del multicarrier?). Creo que además existe
un incentivo perverso al mercado consumidor para profundizar
más y más esta característica entregado
por las propias empresas que liquidan y liquidan.
Los mercados deflacionarios son muy peligrosos y en Chile
estamos hace ya rato jugando a ese juego y ello es valorado
como de un país austero y eficiente. Pero hay que asignar
a esta mal llamada austeridad, parte de la culpa en cuanto
al desempleo, exceso de trabajo y competitividad extrema,
falta de calidad de vida, desigualdad social, falta de innovación,
etc.
En otros países, de nivel de desarrollo similar, existe
claramente un concepto de calidad y el concepto de pagar más
por mejores servicios, como en México los cines VIP
con butacas más cómodas y amplias. Ello conlleva
una competencia que va más allá del precio y
culturalmente arrastra sobre todo la comprensión del
ciudadano de que la calidad tiene precio.
Creo que a la larga siempre alguien paga el costo de este
carnaval de liquidaciones y ello es también un reflejo
de nuestro desarrollo y capacidad de crecer. No sólo
se crece ahorrando, sino que también invirtiendo.
Muchos me dirán que ello ha favorecido a los más
pobres, lo cual es cierto, pero también los ha perjudicado
indirectamente y además, la calidad a que me refiero
debiera ser exigida por quienes pueden pagar más, pero
que actúan muy dignamente en su condición de
austeros ahorrando dinero propio y despilfarrando
dinero ajeno, como dejando la luz y el PC encendido en su
pega.
¿Cómo hacer que esto cambie? Simplemente midiendo
la calidad a través de organismos públicos y
privados y que esa componente sea publicitada y difundida,
como es en otros países. El sueño de la triple
B no existe, o mejor dicho: nunca las tres B
son del mismo tamaño.
|