Teletrabajo y CoronaVirus, ¿es tan simple como un decreto?


El cisne negro del coronavirus ha impulsado el trabajo a distancia en forma violenta y obligatoria, sin vuelta atrás. Ya nunca más se volverá al punto de partida. Ello parece fantástico, pero también peligroso para países como el nuestro donde no existe la práctica ni la disciplina para organizarlo. Ello puede implicar que muchas empresas grandes y pequeñas, que manejan equipos de trabajo muy organizado y contingente, caigan en el caos y terminen pagando un costo inesperado por la inexperiencia y falta de gestión. Su competitividad puede ser brutalmente afectada en el futuro.


Como la gente no puede juntarse físicamente, se les pide que se junten remotamente. De hecho todos lo hacemos naturalmente usando las redes sociales en forma natural y espontánea y funciona bien. Demasiado bien en algunos casos puesto que podemos comandar ejércitos de ingenuos, nihilistas y seguidores de posverdades para actuar físicamente de acuerdo a deseos y convicciones personales. Podemos armar, sin movernos de nuestra cama, una marcha, una fiesta, un aplauso colectivo, cacelorazos, rezos, manifestaciones, etc.


Pero teletrabajar es otra cosa, requiere llevar la disciplina del trabajo en equipo a formato virtual. Hay que tener en cuenta que no es lo mismo que elegir que sistema de videoconferencia se usará, desarrollar reuniones virtuales o muchos mensajes de whatsapp o llamadas a cualquier hora de los jefes o entre los trabajadores. Eso se llama caos, no teletrabajo.


Yo trabajo desde mi casa hace años y no tengo problemas por dos razones. Soy organizado y muy disciplinado naturalmente (algunos le llaman TOC) y tengo tendencia a trabajar sólo. Me facilita el hecho de poder concentrarme, uso bien la tecnología y me acomoda el horario de madrugada y los fines de semana.


Sin embargo la mayoría de la gente necesita, por razones emocionales, trabajar con personas físicas. Están acostumbrados. Necesitan una disciplina horaria y de grupo. Es parte importante de su motivación emocional. Los jefes deben ser reeducados para no replicar las prácticas de la oficina en un caos telemático con empleados virtuales. La productividad puede convertirse en un desastre mayor y el clima laboral en una enfermedad peor que lo que se trata de evitar.


Empecemos por algo simple: En Chile no se trabaja necesariamente por objetivos. Más bien se trabaja por funciones y el objetivo es un horizonte flexible que se mueve constantemente y se adapta a las circunstancias. Siempre hay explicaciones, justificaciones y tolerancia cultural al respecto. Si no se toma en cuenta este factor, esto es la semilla del caos en el teletrabajo.


Por ello, recomiendo a los gerentes de empresas o quienes deben liderar el desafío del teletrabajo que se lo tomen en serio. Hay metodologías, psicologías y también oportunidades insospechadas; pero cada caso debe ser analizado en forma individual y deben pedir ayuda profesional. Es un modelo "a medida".


Hemos formado un pequeño equipo experto para ayudar livianamente y sin grandes intervenciones en este tema a aquellos gerentes o empresarios que lo requieran y a lo más, se pierde media hora de conversación- por ahora en persona.



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