La posverdad del Litio



Como experto en temas de electromovilidad y baterías de litio y en temas de innovación industrial, me sorprende mucho la ingenuidad de los estamentos profesionales de Chile , ingenieros, economistas, periodistas, industriales, empresarios , políticos, candidatos a presidente, que se hacen eco de un sueño y lo transforman en realidad al poco andar, creando una posverdad que irresponsablemente se transfiere al resto ( 99,9% ) de la población que confía en el juicio de alto nivel profesional y político de sus líderes intelectuales.

Una cosa ser optimista y ver el vaso medio lleno, pero otra es ser dogmático y hacer actos de fé sin la mínina rigurosidad ni sentido común. Eso nos está pasando con el Litio. Los países de materias primas están siempre soñando con encontrar la próxima fuente bajo la tierra que nos asegure el futuro. Un pozo de petróleo, un yacimiento de gas, etc. Ahora eso se está transformando en el sueño de un yacimiento mineral que nos asegure ser un país industrial, sin el esfuerzo asociado.

El mineral actual se llama Litio (aunque ahora está iniciándose la fiesta del cobalto) asociado a un mundo glomoroso, sexy y ultra tecnológico como es la electromovilidad y las baterías de litio. Supuestamente, estos yacimientos , reservas y producción nos asegurarían que el mundo industrializado, China, EEUU, Europa, Japón, etc atraídos por el oro blanco (como ya le denominan) invertirían en nuestro país en las industrias de tecnologías avanzadas, haciendo de nuestro país un foco de desarrollo industrial importado de la nueva era. Fábricas de cátodos, gigafactories de baterías, industrias de autos eléctricos, etc están en la mira de los ingenuos soñadores de esta segunda era de materias primas.

La pregunta profesional debería ser: ¿porqué una empresa de alta tecnología invertiría en un país tan sólo por poseer un insumo insignificante y no debido a razones de demanda, o un jugoso subsidio, o ventajas tributarias más capital humano avanzado y barato? . Suena a “hay aluminio, hagamos aviones…”

El litio representa apenas el 1,7% del valor económico de una batería y menos del 1% de un auto eléctrico. Durante 10 años de uso del auto, ese será el único valor. En el caso del petróleo, el consumo de esa materia prima representa el 100% del valor del auto en 5 años (porque es consumible). El mercado mundial del Litio es hoy día 200 mil toneladas LCE , equivalente a unos US$ 2.000 millones. Chile exporta unos US$ 700 millones. En el año 2030 en el caso más optimista de demanda (1 millón de toneladas), el Litio representará un mercado de US$ 7.000 Millones y Chile proveerá unos US$ 1.200 millones. Si lo comparamos con el cobre, que actualmente representa un mercado de más de US$ 100.000 millones y Chile vende unos US$ 35.000 millones , el Litio tiene un potencial muy pequeño, insignificante. Aún en el mejor escenario, no llegaremos jamás a vender el equivalente a nuestra venta actual de salmón o celulosa. Incluso se pregona que habrá una nueva época dorada de cobre, pero ello es otra ilusión, con menos de 50 kg extras de cobre por auto eléctrico más una generosa proyección de volumen de EV vendidos el año 2030, podría optimistamente llegar a 500 mil toneladas extras por año, un 2% de la demanda global/anual de cobre actual, lo que no moverá la aguja por cierto. No se augura entonces una era dorada de commodities, lamentablemente.

Además, como si fueran pocos mis argumentos, el Litio es un material abundante, hay en todo el mundo incluso en el mar.

No tiene sentido esta lógica de atracción de inversiones sobre la base proveer litio barato cuando este ya es barato, no mueve la aguja de la industria y hay abundantes proveedores por todas partes.

Los industriales de tecnología avanzada especulan con nuestros deseos ofreciendo grandes instalaciones de baterías, autos eléctricos, etc – que es lo que queremos escuchar- cuando en la realidad lo único que desean es una garantía escrita de provisión de materia prima para el largo plazo para sus clientes. La inversión prometida es parte de la prédica a los ya convertidos creyentes que sólo eso desean escuchar.

Cuando trabajé por 10 años como CEO de una multinacional japonesa , mis jefes nipones cuando venían a Chile, me preguntaban: ¿Qué quieren escuchar los ministros? ¿Qué quiere escuchar la prensa? , aunque era tan sólo un argumento de marketing para vender lo que realmente les interesaba.

Conclusión: No es que no me interese que el país se desarrolle en términos industriales o tecnológicos. Al contrario, es lo que más deseo y por lo que más he trabajado en mi vida. Con mis propios riesgos y mi propio dinero, en muchos casos. Sin embargo, he aprendido que el camino fácil no existe. Creo que el mercado industrial asociado a la electromovilidad es gigante. El mercado automotriz mueve recursos por US$ 3.000 billones americanos por año. El doble de Brasil y 10 veces Chile. Las oportunidades son brutales. Sin embargo, justamente creo que no están asociadas a la fabricación de baterías ni de autos. Las posibilidades en esas áreas son remotas. Por ejemplo, Israel se dedicó a la inteligencia artificial asociada a sistemas de transporte autónomo, donde lideran el campo de batalla. Estonia a desarrollar plataformas de negocios en sistemas de transporte interconectados en la red . Finlandia en aplicaciones de redes de carga. Etc. Me parece que el vincularse obsesivamente a las materias primas frena el desarrollo industrial y crea una integración vertical obsesiva y perversa, impidiendo abrir la mente y la imaginación en la búsqueda del perfecto “cisne negro” para nuestro país.

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