Impactos colaterales de la electromovilidad en tu vida y la de tus hijos -La bola de cristal-



Más allá del “supuesto impacto” en los países que tienen materias primas claves en esta industria, por efecto de demanda y supuesta integración vertical, ( señaladas como un mito sin sustento real, en mi artículo anterior- El Litio es una posverdad) ya que implicaría apenas un aumento marginal global al 2030 de la demanda de Litio, Cobre y Cobalto de unos US$ 10 billones americanos, número insignificante para el mundo e incluso para los países productores de materias primas, como Chile, me gustaría ir a lo realmente relevante y destacar que la industria del automóvil mueve US$ 3 mil billones americanos de dólares al año , ello equivale a 2 veces el PGB de Brasil y 10 veces el de Chile.

Uno no podría imaginar que un efecto tan radical como un cambio tecnológico paradigmático en esa tremenda industria, no provoque consecuentemente cambios colaterales que afecten a toda la economía mundial en los próximos años. Estos cambios serían en la economía del conocimiento e industrial, incluso en la economía financiera, pero no en los commodities directamente, como muchos pregonan.

Un elemento esencial es considerar que la electromovilidad (EV) conlleva necesariamente tres efectos nuevos integrados e intrínsecos[1] ; la autonomía de conducción (sin chofer) , la conectividad entre el vehículo- ahora un smartphone con ruedas- y los millones de dispositivos involucrados con él (otros vehículos, celulares, semáforos, puntos de carga, sensores, etc) y por último nuevos diseños de vehículos y modelos de negocios que transformarán el transporte como un servicio más que un producto. (la pregunta ¿que auto compraré? se cambiará por ¿A cuál servicio de transporte me suscribiré?)

Ello ya comienza a ser implementado gradualmente en los modelos 2018, con software ready y activables por nuevas versiones descargables de la red próximamente, a medida que la regulación lo autorice.

Ello es tan significativo que podemos presagiar que en el próximo año 2030[2], con apenas un 10% de nuevos EV sobre el total de nuevos vehículos, estos cambios colaterales traerán cambios industriales gigantescos con miles de nuevas oportunidades y consecuentemente con miles de empresas que desaparecerán en su función clásica. (Obviamente, es claramente predecible los efectos en los empleos y capital humano afectado).

Toda la cadena de partes y piezas de automóviles será afectada irremediablemente, junto a los trabajadores y capital humano especializado, trayendo una nueva cadena de valor asociada al mundo de la electricidad, la electrónica y las plataformas tecnológicas que permiten unir oferta con demanda, como Uber o Netflix, donde internet es el camino de combinar estas fuerzas económicas.

Igualmente, el desarrollo de apps para automóviles, integradas a los poderosos computadores que los gobernarán, será un negocio multimillonario. Los modelos de negocios que sustituirán al tradicional transporte público actual serán muchos. Por ejemplo, el modelo de carsharing crecerá explosivamente e incluso el eventual uso de autos sin conductor como taxis, será ya percibido inicialmente en algunos países en los próximos 10 años.

Las compañías eléctricas competirán por un nuevo negocio de demanda, inesperado, como ya lo están haciendo y además ello conllevará un nuevo concepto de distribución eléctrica inteligente (Smart grid)[3]. Los hogares, posiblemente ya con instalaciones estándares de techos solares, podrán comenzar a liberarse del servicio cautivo de provisión de energía. El auto, que es una gran batería con ruedas, proveerá el complemento perfecto al panel solar para el hogar.

Será una época dorada de la bigdata y las tecnologías de machine learning, ya que la misma información que hoy ofrecen los celulares a los cerebros de Inteligencia artificial de Google o Facebook, será sobre-abastecida con mucha más información desde los mismos vehículos y sus millones de elementos interconectados con ellos (IoT). Las apps para automóviles aparecerán en los años 2020 en adelante y serán como hoy las apps de los celulares en el 2030.

Yendo aún más lejos, según pronostica Yuval Noah, en su fantástico libro “Homo Deus (2015)”, podremos reducir desde mil millones de autos (parque mundial actual) a menos de cien millones, en la medida que el transporte sea un servicio bajo demanda en vez que un activo individual, algo así como Uber sin conductores y vehículos autónomos de distintas categorías y clases. Ello afectaría la inversión en autopistas, carreteras y también los valores inmobiliarios, donde ya no se requeriría estacionamientos. Nuevos modelos de negocio aparecerán y florecerán nuevos productos y servicios impensables hoy día.

El mapa de ruta es muy claro y predecible, lo que menciono ocurrirá, e incluso más pronto que lo que se imagina. El verdadero desafío, es encontrar un nicho, cualquiera, donde un país, como Chile, con líderes apropiados a este desafío increíble, podría apostar y jugar fichas para participar en esta nueva oportunidad que se brinda, dejando atrás la visión de oportunismo de país de materias primas, que según mi opinión está totalmente desenfocada con este mundo por venir.

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